
¿Por qué disminuye la fertilidad con la edad?
De todas las conversaciones que tengo en el consultorio, hay una que se repite con una frecuencia que no debería sorprenderme pero que siempre me dice algo: la paciente que llega a los 38 o 40 años con el deseo intacto de ser madre, y que no entiende del todo por qué el tiempo importa tanto. No de forma abstracta — eso lo saben todas. Sino a nivel molecular: qué está pasando exactamente dentro de sus óvulos, por qué la edad cambia las probabilidades de forma tan drástica, y qué significa en términos prácticos para sus decisiones reproductivas.
Este artículo existe para responder esa pregunta con honestidad y con la profundidad que merece. Porque la respuesta no es “los óvulos se vuelven viejos”. Es más específica, más fascinante, y más útil que eso. Y el tener esta información a la mano es un derecho de las mujeres, las mujeres deben de ser capaces de entender lo que sucede en su cuerpo, el entender esto les puede permitir tomar decisiones a tiempo e informadas que les brinde mayor libertad en la toma de decisiones.
Una particularidad biológica que casi nadie les explica:
Las mujeres tienen una característica reproductiva que no tiene equivalente en la biología masculina, y que es fundamental para entender todo lo que viene después.
Los hombres producen espermatozoides de forma continua a lo largo de su vida adulta. Cada espermatozoide tarda aproximadamente 70 días en formarse desde cero a partir de células germinales. Son células nuevas, fabricadas recientemente, y todo el proceso de división celular que lleva a una celula germinal de 46 a 23 cromosomas recien completado por que el total de ese proceso se lleva a cabo en esos 70 días de formación.
Los óvulos funcionan de manera completamente diferente.
Una mujer nace con todos los óvulos que va a tener en su vida—este dato es información que cada vez más mujeres conocen—. Están ahí desde antes del nacimiento — de hecho, el pico de producción ocurre durante la vida fetal, alrededor de las 20 semanas de gestación, cuando el ovario contiene aproximadamente 6 a 7 millones de ovocitos. Ese número nunca aumenta. Desde ese momento, solo puede disminuir.
Pero lo más importante no es cuántos son. Lo más importante y que casi nadie se toma el tiempo de explicarle a las pacientes es la manera en la que se almacenan los ovulos en el cuerpo de las mujeres y el impacto que esto genera en términos reproductivos.


El óvulo detenido en el tiempo: la vesícula germinal
Cuando nacemos, y durante toda la infancia y la mayor parte de la vida reproductiva, los óvulos no son óvulos maduros. Son ovocitos primarios detenidos en un estadio muy específico de su división celular: la profase de la primera división meiótica. En términos visuales, tienen un núcleo grande y prominente llamado vesícula germinal — de ahí que se les llame ovocitos en estadio de vesícula germinal (GV).
En ese estadio, el ovocito tiene 46 cromosomas — el mismo número que cualquier otra célula del cuerpo. Está esperando. Y puede esperar décadas.
Lo que ocurre a partir de la pubertad, en cada ciclo menstrual, es que un grupo de esos ovocitos comienza a desarrollarse bajo la influencia de las gonadotropinas. Y el que llega más lejos — el óvulo dominante del ciclo — completa finalmente las divisiones que lleva décadas pendientes.
Este es el punto crítico. Y es donde todo cambia.
La meiosis: la división más difícil de la biología humana
Para entender por qué la edad importa tanto, hay que entender qué es la meiosis y por qué es tan propensa al error.
Todas las células del cuerpo se dividen por mitosis: una célula con 46 cromosomas produce dos células idénticas, cada una con 46 cromosomas. Es un proceso que ocurre miles de millones de veces en nuestra vida con una tasa de error extraordinariamente baja.
La meiosis es diferente. Es la división especializada que produce los gametos — óvulos y espermatozoides — y su objetivo es reducir a la mitad el número de cromosomas, de 46 a 23, para que al fusionarse dos gametos en la fecundación se restaure el número normal de 46, formando con esto a un nuevo ser humano.
El proceso ocurre en dos etapas consecutivas sin replicación del ADN entre ellas:
En la meiosis I, los 23 pares de cromosomas homólogos — cada par formado por un cromosoma de origen materno y uno de origen paterno — se separan, de modo que cada célula hija queda con 23 cromosomas dobles. Esta es la división más crítica y la más propensa al error.
En la meiosis II, las cromátidas hermanas de cada cromosoma se separan, produciendo finalmente el ovocito maduro con 23 cromosomas simples y dos cuerpos polares que son eliminados.
El problema central es este: para que la meiosis I ocurra correctamente, los pares de cromosomas deben alinearse con precisión en la placa ecuatorial del huso meiótico — una estructura formada por filamentos de proteínas — y separarse exactamente en partes iguales. Un error en ese proceso, que se llama no disyunción, hace que un cromosoma extra vaya a parar a uno de los dos lados, produciendo una célula con 24 cromosomas en lugar de 23 y otra celula con 22 cromosomas en lugar de 23. Si cualquiera de esos ovulos son fecundados darian lugar a un embrión con 47 cromosomas —una trisomía en el daso del que quedo con 24 cromosomas— y un embrion con 45 cromosomas —una monosomia en el caso del que quedo con 22 cromosomas—.


Cambios epigenéticos. La estructura de la cromatina — la forma en que el ADN se empaqueta dentro del núcleo — cambia con la edad de formas que pueden afectar cómo los cromosomas se comportan durante la meiosis.
El efecto neto de todos estos mecanismos es claro y consistente en la evidencia: la tasa de aneuploidia en ovocitos humanos aumenta de forma progresiva y pronunciada con la edad materna.
Los números: qué porcentaje de los errores viene de dónde
Esta es la estadística que más cambia la perspectiva de las pacientes, y la que menos se comunica fuera de los consultorios de reproducción especializada.
La gran mayoría de las aneuploidías en los embriones humanos son de origen materno y meiótico. Los estudios de análisis genético preimplantacional con técnicas de secuenciación de nueva generación que permiten determinar el origen parental y el mecanismo de error ofrecen datos muy consistentes:
Las trisomías de origen materno son predominantes. Los estudios más amplios muestran que prácticamente ningún caso de trisomía de origen meiótico viene del padre — son todas o casi todas de origen materno. La razón es que la espermatogénesis produce células nuevas continuamente, mientras que el ovocito completa una meiosis que lleva décadas detenida.
El tipo de error que aumenta con la edad materna son específicamente los errores de no disyunción meiótica — no los errores mitóticos postfecundación. Cuando en los análisis PGT-A se distingue entre aneuploidías meióticas y mosaicismos mitóticos, los primeros tienen una correlación fuerte y progresiva con la edad materna, mientras que los segundos son relativamente independientes de la edad.
Un estudio mexicano publicado en 2024 que analizó 1,341 embriones de 481 pacientes con PGT-A basado en secuenciación de nueva generación encontró una tasa global de aneuploidía del 55.85%, con un incremento del 10% en la probabilidad de aneuploidía por cada año adicional de edad materna (OR 1.10, IC 95%: 1.07–1.13, p<0.001). Los cromosomas más frecuentemente afectados fueron el 22, 21, 16 y 15 — exactamente los que la biología predice como más susceptibles a errores en la meiosis I.
En cuanto al error masculino: los espermatozoides aneuploides representan entre el 1 y el 4% del total en hombres con análisis seminales normales. Esta contribución existe, pero es cuantitativamente menor y — crucialmente — no aumenta con la edad de la misma forma que el error ovocitario.
Las consecuencias clínicas: por qué la aneuploidía importa tanto
Un embrión aneuploide tiene tres destinos posibles:
El primero y más frecuente es que no implante — el embrión llega al útero pero no logra establecer el embarazo. Esto es invisible para la paciente: el ciclo llega, ella no nota nada, y el siguiente período viene con normalidad, nosotros lo conocemos como aborto subclínico, en pocas palabras existió ovulación, el ovulo fue fecundado, el ovulo fecundado comienza su desarrollo embrionario y este desarrollo se detiene en algun momento antes de la implantación o en los periodos iniciales de la misma por lo que ni la paciente ni los médicos somos capaces de detectarlo.
El segundo caso se conoce como aborto bioquímico, en estos casos la implantación se completa y existe comunicación entre las células del trofoectodermo embrionario (que se encargan de producir del beta hCG) y la circulación materna, la paciente o los médicos podemos medir esta hormona que da lugar a una prueba de embarazo positiva pero este detiene su desarrollo antés de que podamos visualizarlo por ultrasonido.
El tercero es el aborto espontáneo clínicamente reconocido — una pérdida que ocurre después de que el embarazo ya fue confirmado por imagen. Las aneuploidías cromosómicas representan la causa más frecuente de aborto del primer trimestre, responsables de entre el 50 y el 80% de los casos. Y esa proporción aumenta de forma pronunciada con la edad materna: mientras que en mujeres de 23 a 37 años el porcentaje de abortos con cariotipo anormal oscila entre el 55 y el 70%, en mujeres de 37 a 44 años esa cifra asciende a entre el 64 y el 94%.
El cuarto destino — el menos frecuente pero el más conocido — es que el embarazo llegue a término con una aneuploidía compatible con la vida. El síndrome de Down (trisomía 21) es el ejemplo más conocido, y su incidencia aumenta de forma exponencial con la edad materna: de aproximadamente 1 en 1,500 nacidos vivos a los 20 años, a 1 en 400 a los 35, a 1 en 100 a los 40 y a 1 en 30 a los 45.


Calidad ovocitaria: lo que significa en la práctica clínica
El término “calidad ovocitaria” se usa mucho y se define poco. Aclararlo tiene valor real para la paciente.
En sentido estricto, la calidad de un ovocito se refiere a su potencial para dar lugar a un recién nacido sano. No es una propiedad que pueda medirse directamente con ninguna prueba de laboratorio disponible hoy en día. No existe una analítica que diga “tu óvulo de hoy tiene una calidad del 70%”. Lo que sí podemos decir con base en evidencia es que la calidad ovocitaria — entendida como la probabilidad de que un óvulo maduro, fecundado correctamente, dé lugar a un embrión euploide (con el número correcto de cromosomas) que implante y llegue a término — disminuye de forma progresiva y pronunciada con la edad.
En términos prácticos, esto se traduce en las siguientes realidades clínicas que vale la pena conocer:
La probabilidad de que un blastocisto sea euploide cae de aproximadamente el 74% en mujeres menores de 30 años, al 48% entre los 35 y 37, al 33% entre los 38 y 40, y al 19% en mayores de 43 años (datos del análisis SART 2022 con más de 9,000 blastocistos biopsiados). Esto significa que en una mujer de 42 años que produce 5 blastocistos en un ciclo de FIV, estadísticamente menos de 1 de ellos será euploide.
Cuando se transfiere un embrión euploide — confirmado por PGT-A — la tasa de embarazo no difiere significativamente entre grupos de edad. Lo que cambia con la edad es la probabilidad de llegar a tener ese embrión euploide para transferir. Este dato es fundamental: no es que el útero de 40 años no funcione — es que hay menos embriones euploides disponibles para transferir.
La probabilidad de lograr un embarazo exitoso por punción ovárica en FIV cae de aproximadamente un 29% en menores de 35 años, a un 5% en mayores de 40. No porque los embriones implanten peor, sino porque el camino de “punción → blastocisto → euploide → transferencia → nacido vivo” tiene cada vez menos eslabones favorables.
Por qué funciona la preservación de la fertilidad
Todo lo anterior explica con precisión por qué la vitrificación de óvulos — lo que a veces se llama “congelación social de óvulos” o “time-freeze” — tiene el fundamento biológico que tiene.
Cuando vitrificamos óvulos, no congelamos óvulos inmaduros en estadio de vesícula germinal. Congelamos ovocitos en metafase II — ya maduros, que ya completaron sus divisiones meióticas, que ya tienen 23 cromosomas, y que lo hicieron a la edad de la paciente en el momento de la criopreservación.
Eso significa que un óvulo vitrificado a los 32 años, cuando se descongele y use a los 38 o 40, tendrá la calidad cromosómica de un óvulo de 32 — no de uno de 38 o 40. La biología del error meiótico quedó fijada en el momento de la punción. El tiempo que pasa en el nitrógeno líquido no acumula daño adicional — está detenido.
Esta es la razón científica por la que la preservación de fertilidad funciona: no detiene el reloj del cuerpo, sino que guarda en el tiempo la calidad cromosómica del óvulo en el momento en que fue vitrificado.


El aborto espontáneo como consecuencia: lo que los números explican
La tasa de aborto espontáneo clínico en la población general está alrededor del 10 al 15% en mujeres en edad reproductiva temprana. Pero esa cifra aumenta de forma pronunciada con la edad: alrededor del 25% en mujeres de 35 a 39 años, y por encima del 40 a 50% en mujeres de 40 a 44 años. No porque el útero funcione peor — sino porque una proporción creciente de los embriones que se generan son aneuploides, y los embriones aneuploides no progresan.
Esta relación explica también por qué muchos abortos del primer trimestre — especialmente los que ocurren antes de las 10 semanas — no tienen una causa externa identificable. El embrión simplemente tenía un error cromosómico que lo hacía inviable, y su desarrollo se detiene en algun punto. En ese contexto, el aborto espontáneo temprano, aunque doloroso, es una expresión del funcionamiento normal del organismo que detecta embriones no viables. El problema no es el aborto — es la aneuploidía que lo causa.
Un análisis de 7,118 casos de abortos espontáneos encontró que en mujeres de 23 a 37 años, la proporción de abortos con cariotipo anormal oscilaba entre el 55 y el 70%, mientras que en mujeres de 37 a 44 años esa proporción subía de forma pronunciada hasta alcanzar el 94% en los casos más extremos. Esto confirma que prácticamente todos los abortos de primer trimestre en mujeres mayores de 40 tienen una causa cromosómica — no son accidentes ni consecuencias de factores evitables.
El aborto recurrente: cuando la aneuploidía se repite
Cuando una mujer tiene dos o más abortos espontáneos consecutivos — lo que se define como aborto recurrente o pérdida gestacional recurrente — la aneuploidía sigue siendo la causa más frecuente, especialmente cuando la edad materna es mayor de 35 años. Y en esos casos, el análisis genético de los productos de aborto y, en ciclos de FIV, el PGT-A de los embriones, son las herramientas que más información aportan para entender qué está ocurriendo y orientar el manejo.
Lo que la evidencia nos permite decirle a la paciente
Todo lo anterior se traduce en un mensaje claro para la consulta:
La fertilidad disminuye con la edad principalmente por la calidad de los óvulos — no por el útero, no por las trompas, no por las hormonas, aunque estos también pueden verse afectados. La raíz del problema es un error en la división meiótica de un ovocito que lleva años o décadas esperando, acumulando daño en los sistemas que deben garantizar que esa división sea perfecta.
Ese error es aleatorio — no puede predecirse en un óvulo individual. Pero su frecuencia aumenta de forma progresiva y bien documentada con la edad. Por eso la edad importa: no como un número en un calendario, sino como el reflejo de décadas de exposición sobre los mecanismos que controlan la integridad cromosómica del óvulo.
Y por eso preservar óvulos jóvenes — antes de que esos mecanismos se deterioren más — tiene un fundamento biológico sólido, no es un capricho ni un seguro de vida arbitrario. Es capturar la calidad cromosómica en un momento favorable y guardarla disponible para cuando se necesite.
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En resumen






