
Cómo evolucionó nuestra comprensión del “Síndrome de Ovario Poliquístico”
Para entender el Síndrome Poliendócrino Metabólico Ovárico (PMOS), primero tenemos que comprender cómo ha evolucionado nuestra manera de entender este síndrome a lo largo de la historia de la medicina. Solamente haciendo este recorrido histórico podemos dimensionar realmente la complejidad de una enfermedad que, durante muchos años, fue reducida únicamente a la presencia de “quistes en los ovarios”, alteraciones menstruales y problemas de fertilidad.
Conforme la medicina ha avanzado y nuestra comprensión sobre la fisiología humana se ha vuelto más profunda, también ha cambiado la manera en que entendemos esta condición. Hoy sabemos que el mal llamado síndrome de ovario poliquístico está muy lejos de ser exclusivamente un problema ovárico e incluso mucho más lejos de representar únicamente una enfermedad ginecológica o reproductiva.
Actualmente entendemos que se trata de una condición compleja en la que interactúan alteraciones endocrinas, metabólicas, inflamatorias e incluso neuroendocrinas, con repercusiones que pueden afectar múltiples órganos y sistemas del organismo.
La complejidad de este síndrome obliga a estudiarlo desde una perspectiva mucho más amplia, considerando sus implicaciones sobre:
- metabolismo
- composición y peso corporal
- sensibilidad a la insulina
- ovulación
- piel
- cabello
- fertilidad
- microbioma
- salud cardiovascular
- salud mental
- interacciones neuroendocrinas
- inflamación sistémica
- calidad ovocitaria
- riesgo futuro de enfermedades metabólicas
y probablemente muchos otros mecanismos fisiopatológicos que todavía seguimos descubriendo.


Por esta razón, durante los últimos años ha surgido un movimiento internacional muy importante que busca cambiar el nombre del síndrome, intentando con ello mejorar la comprensión real de esta enfermedad tanto entre pacientes como entre profesionales de la salud.
Después de más de una década de trabajo colaborativo internacional y la participación de múltiples organizaciones médicas y científicas, en 2026 se propuso oficialmente sustituir el término “Síndrome de Ovario Poliquístico” (SOP/PCOS) por:
Síndrome Poliendócrino Metabólico Ovárico (PMOS)
El objetivo de este cambio no consiste simplemente en “modernizar” el nombre del síndrome, sino en corregir décadas de confusión médica y social sobre lo que realmente representa esta enfermedad.
Porque el problema nunca fueron solamente “los quistes”.
Y probablemente tampoco el ovario ha sido realmente el único protagonista de esta historia.
Para entender por qué este cambio de nombre representa mucho más que una cuestión semántica, primero debemos comprender cómo nació originalmente el concepto del síndrome de ovario poliquístico y cómo ha evolucionado nuestra comprensión de esta enfermedad a lo largo del tiempo.
El inicio de todo: el síndrome de Stein-Leventhal
La primera descripción formal de lo que hoy conocemos como Síndrome Poliendócrino Metabólico Ovárico ocurrió en 1935 gracias a los doctores Irving Stein y Michael Leventhal. Es importante recordar que en aquella época no existían herramientas diagnósticas como el ultrasonido, los estudios hormonales modernos o los análisis metabólicos sofisticados que hoy utilizamos de manera rutinaria.
La medicina ginecológica dependía enormemente de:
- síntomas clínicos
- exploración física
- cirugía
- hallazgos histológicos
Stein y Leventhal observaron un grupo de mujeres jóvenes que compartían características clínicas similares, entre ellas:
- ausencia o irregularidad menstrual
- infertilidad
- crecimiento excesivo de vello
- obesidad en algunos casos
- ovarios aumentados de tamaño
Las principales sociedades científicas, como la American Society for Reproductive Medicine y la European Society of Human Reproduction and Embryology, reconocen cada vez más la importancia de un abordaje integral que considere factores metabólicos y de estilo de vida, especialmente en tratamientos de reproducción asistida.
Hoy la medicina reproductiva no busca solo “hacer embriones”, sino crear las mejores condiciones posibles para que ese embarazo prospere.

Estos ovarios eran observados mediante cirugías exploratorias, ya que en ese momento no existían métodos de imagen que permitieran visualizarlos de manera no invasiva. A esta entidad clínica decidieron darle el nombre de:
Síndrome de Stein-Leventhal
Si analizamos el contexto médico y tecnológico de aquella época, resulta fácil entender por qué el diagnóstico era sumamente complicado. En muchos casos era necesario realizar procedimientos quirúrgicos para poder observar directamente la morfología ovárica y correlacionarla con los hallazgos clínicos de las pacientes.
Desde un inicio, esta enfermedad fue interpretada principalmente como un trastorno estructural ovárico estrechamente relacionado con infertilidad. Sin embargo, todavía no se comprendía que detrás de esos ovarios y de esos hallazgos clínicos existía un problema endocrino y metabólico mucho más complejo.
De hecho, más de 90 años después de su primera descripción, seguimos descubriendo nuevos mecanismos fisiopatológicos relacionados con este síndrome y aún estamos lejos de comprender completamente toda su complejidad.
Conforme comenzaron a desarrollarse nuevas herramientas diagnósticas y avanzó la tecnología médica, también empezó a cambiar la manera en que los médicos entendían y diagnosticaban esta enfermedad.
Uno de los cambios más importantes ocurrió con la introducción del ultrasonido en la práctica ginecológica. Gracias a esto, los médicos pasaron de necesitar cirugías exploratorias para visualizar los ovarios a poder observarlos mediante estudios de imagen no invasivos.
Fue entonces cuando comenzó a describirse el patrón característico observado en muchos ovarios de estas pacientes: una gran cantidad de pequeños folículos distribuidos en la periferia ovárica.
Con el tiempo, esta apariencia comenzó a denominarse “poliquistosis ovárica”, aunque en realidad aquí nació uno de los mayores problemas conceptuales en la historia de esta enfermedad. Porque realmente NO existen “quistes”. Los llamados “quistes” corresponden en realidad a: pequeños folículos antrales inmaduros, detenidos en distintas etapas de su desarrollo.
Es decir, no se trata de quistes verdaderos, sino de folículos que no lograron completar adecuadamente su proceso de maduración. Aunque esto pudiera parecer solamente un detalle semántico, en realidad tuvo enormes implicaciones tanto médicas como sociales, ya que durante décadas muchas pacientes interpretaron erróneamente que tenían “ovarios llenos de quistes”, cuando el problema real era mucho más profundo y complejo que una alteración anatómica ovárica. Con el tiempo esto generó una enorme cantidad de confusión tanto en pacientes como incluso en profesionales de la salud.
Muchas mujeres a quienes se les diagnosticaba esta enfermedad llegaban a pensar que tenían:
- tumores
- ovarios llenos de quistes patológicos
- daño ovárico irreversible
- o incluso infertilidad inevitable
cuando en realidad el problema principal era mucho más complejo y profundo.
Al mismo tiempo, muchas otras pacientes comenzaron a ser diagnosticadas con este síndrome simplemente por presentar múltiples folículos antrales en el ultrasonido, algo que en realidad puede ser completamente normal en mujeres en edad reproductiva.
Esto generó durante años una gran cantidad de diagnósticos incorrectos, tratamientos innecesarios y ansiedad injustificada en muchas pacientes, contribuyendo todavía más a la confusión alrededor de esta enfermedad.
El gran descubrimiento: el problema NO era solamente el ovario
A medida que avanzó la endocrinología reproductiva, comenzaron a identificarse múltiples alteraciones adicionales en pacientes con SOP:
Alteraciones hormonales
- exceso de andrógenos
- disfunción ovulatoria
- alteraciones del eje hipotálamo-hipófisis-ovario
Alteraciones metabólicas
- resistencia a la insulina
- hiperinsulinemia
- obesidad visceral
- alteraciones lipídicas
- mayor riesgo cardiovascular
Alteraciones inflamatorias
- inflamación crónica de bajo grado
- estrés oxidativo
- disfunción adipocitaria
Alteraciones psicológicas
- ansiedad
- depresión
- trastornos de imagen corporal
- trastornos alimentarios
Y aquí comenzó a hacerse evidente algo fundamental:
El ovario probablemente NO era el origen principal del problema… sino una víctima más.


Los criterios diagnósticos: cómo ha cambiado la forma de diagnosticar el SOP
Uno de los mayores retos del SOP siempre ha sido definir exactamente: ¿qué pacientes realmente tienen SOP?”. Esto a lo largo de la historia esto ha cambiado muchísimo.
Primera etapa: criterios NIH 1990
En 1990 los National Institutes of Health (NIH) propusieron los primeros criterios diagnósticos modernos.
Para hacer diagnóstico era necesario:
- Datos dehiperandrógenismo, por ejemplo:
- acné
- hirsutismo
- elevación de testosterona
- Alteraciones ovulatorias
- ciclos irregulares
- anovulación
- infertilidad
En esta etapa: el ultrasonido NO era obligatorio.
Rotterdam 2003: el cambio que revolucionó todo. En 2003 ocurrió probablemente el cambio más importante en la historia del SOP. Un consenso internacional entre ESHRE y ASRM en Rotterdam propuso ampliar enormemente los criterios diagnósticos.
A partir de entonces el diagnóstico podía realizarse si la paciente cumplía 2 de 3 criterios:
- Oligo/anovulación
- Hiperandrogenismoya sea clínico o bioquímico
- Morfología de ovario poliquístico en ultrasonido
Esto aumentó muchísimo la cantidad de mujeres diagnosticadas. Pero también generó nuevos problemas. Uno de los principales es que nos hizo preguntarnos si: ¿todas las pacientes tienen realmente la misma enfermedad?
Con Rotterdam aparecieron distintos fenotipos. Por ejemplo:
- mujeres con resistencia severa a insulina
- mujeres delgadas sin alteraciones metabólicas importantes
- mujeres con ovulación conservada
- mujeres con hiperandrogenismo severo
- mujeres sin hiperandrogenismo
Esto hizo surgir una gran pregunta: ¿Estamos agrupando enfermedades distintas bajo el mismo nombre? Y esta es probablemente una de las discusiones más importantes actualmente.
Porque algunas pacientes tienen:
- un perfil altamente metabólico e inflamatorio
mientras otras presentan:
- un perfil predominantemente reproductivo.


Los fenotipos del SOP explicados de forma sencilla
Fenotipo A, La forma “clásica” presenta:
- ovarios poliquísticos
- hiperandrogenismo
- alteraciones ovulatorias
Generalmente es el fenotipo con:
- mayor resistencia a insulina
- mayor inflamación
- mayor riesgo metabólico.
Fenotipo B Tiene:
- hiperandrogenismo
- anovulación
- Pero sin ovarios poliquísticos visibles.
Fenotipo C Conocido como SOP “ovulatorio”. Las pacientes pueden seguir ovulando relativamente bien pero tienen:
- hiperandrogenismo
- ovarios poliquísticos
Fenotipo D Tiene:
- ovarios poliquísticos
- alteraciones menstruales
- Pero sin hiperandrogenismo claro.
Suele ser el fenotipo metabólicamente menos agresivo.
Entonces… ¿por qué cambiar el nombre? Porque el nombre “Síndrome de Ovario Poliquístico” se quedó corto.
No refleja:
- la complejidad metabólica
- el impacto endocrino
- la inflamación sistémica
- el componente cardiovascular
- la participación de múltiples órganos
Además, muchas pacientes:
- no tienen “quistes”
- ni siquiera tienen ovarios poliquísticos visibles.
El nacimiento de PMOS, En 2026 se propuso oficialmente el nuevo nombre:
Polyendocrine Metabolic Ovarian Syndrome (Síndrome Poliendócrino Metabólico Ovárico)El nuevo nombre intenta describir mejor la verdadera naturaleza del síndrome.
¿Qué significa realmente PMOS?
– Polyendocrine (Poliendocrino) Reconoce que múltiples sistemas hormonales participan:
- ovario
- páncreas
- suprarrenales
- tejido adiposo
- eje hipotálamo-hipófisis
- sistema gastorintestinal
– Metabolic (Metabolico) Reconoce el papel central de:
- resistencia a insulina
- hiperinsulinemia
- obesidad visceral
- inflamación
- riesgo cardiovascular
-Ovarian (ovárico) El ovario sigue siendo importante:
- ovulación
- fertilidad
- función hormonal
- calidad ovocitaria
Pero ya no se considera el único protagonista.
Conclusión, El cambio de SOP a PMOS no representa solamente una modificación de nomenclatura. Representa un cambio profundo en la manera de entender esta enfermedad. Durante décadas el síndrome fue reducido a: “quistes en los ovarios”, cuando en realidad se trata de una alteración multisistémica compleja que involucra metabolismo, endocrinología, inflamación, fertilidad y salud integral femenina.
Comprender esta evolución histórica es fundamental para entender por qué el tratamiento moderno debe ser mucho más amplio, individualizado y profundo que únicamente “regular los periodos”.
Y probablemente todavía estamos lejos de comprender por completo toda la complejidad biológica que existe detrás de este síndrome.
Lo que sigue, aunque tenemos ya un cambio de nombre aún falta cambiar las guías de abordaje y tratamiento de esta enfermedad. Estandarizar los criterios diagnósticos, así como los tratamientos que se ofrecen a los millones de pacientes que sufren de este síndrome. Educar y sensibilizar tanto a pacientes como a profesionales de la salud acerca de este síndrome tan complejo y con repercusiones multisistémicas que requiere un manejo integral y multidisciplinar a lo largo de la vida de las pacientes.





